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< Volver | 30 septiembre 2026

Las reglas que rigen la red – I

Grid Forming

Los cinco pilares de un convertidor Grid Forming

Durante los últimos años, el término Grid Forming ha pasado de ocupar un espacio reservado a la investigación para convertirse en uno de los conceptos más relevantes de la transición energética. A medida que la generación convencional deja paso a tecnologías basadas en electrónica de potencia, la estabilidad del sistema eléctrico depende cada vez menos de la inercia natural de las grandes máquinas síncronas y cada vez más de la inteligencia incorporada en los convertidores.

Esta evolución ha provocado un cambio de paradigma. Ya no basta con que un convertidor sea capaz de intercambiar potencia con la red de forma eficiente. Ahora también se espera que contribuya activamente a mantener su estabilidad, responda correctamente frente a perturbaciones e incluso sea capaz de participar en la recuperación del sistema tras un apagón.

Fig. 1: Diferencia conceptual entre un convertidor Grid Following y un convertidor Grid Forming.

Pero, ¿qué significa realmente diseñar un convertidor Grid Forming?

La respuesta va mucho más allá de implementar un determinado algoritmo de control. Un verdadero convertidor Grid Forming debe reunir un conjunto de capacidades que abarcan desde su comportamiento eléctrico en condiciones normales hasta su respuesta durante cortocircuitos, su interacción con otros convertidores o la fidelidad de los modelos utilizados para estudiar su integración en red.

En este artículo repasamos cinco pilares que, desde el punto de vista de la ingeniería, definen el comportamiento esperado de un convertidor con capacidades Grid Forming.

Fig. 2: Los cinco pilares del Grid Forming.

1. La estabilidad empieza mucho antes de la primera perturbación

Cuando pensamos en la estabilidad de una red eléctrica solemos imaginar grandes perturbaciones: un cortocircuito, una caída de tensión o la desconexión de una línea. Sin embargo, la mayor parte del tiempo la red opera muy cerca del equilibrio.

La primera característica que distingue a un convertidor Grid Forming es que se comporta como una fuente de tensión. Esto significa que no espera continuamente a que la red le indique cómo debe actuar, sino que establece una referencia eléctrica propia y participa activamente en el equilibrio del sistema.

Pero generar una tensión no es suficiente. También importa cómo se genera.

Desde el punto de vista de la red, un convertidor Grid Forming debe presentar un comportamiento predecible y coherente con las leyes físicas del sistema eléctrico. Para conseguirlo, el control reproduce el efecto de una impedancia interna que determina cómo intercambia potencia con la red y cómo responde cuando cambian las condiciones de operación. Esta impedancia, aunque sea el resultado de la combinación de un algoritmo y de un componente físico, permite que el convertidor reaccione de forma natural frente a variaciones de carga o pequeñas perturbaciones.

Esa misma filosofía se extiende al reparto de potencia entre varios convertidores. A medida que aumenta la penetración de recursos basados en electrónica de potencia, resulta cada vez más habitual que varios equipos Grid Forming deban operar conjuntamente en un mismo punto de la red o incluso alimentar una isla eléctrica. En estas situaciones cada convertidor debe ser capaz de regular su potencia activa y reactiva utilizando únicamente la información disponible en sus terminales.

Sin embargo, compartir potencia tampoco basta si cada pequeña perturbación termina convirtiéndose en una oscilación persistente. Un convertidor Grid Forming debe disipar de forma natural las oscilaciones electromecánicas que aparecen en la red. Algunas forman parte del propio comportamiento inherente del algoritmo de control; otras requieren funciones específicas de amortiguamiento. En ambos casos, el objetivo es el mismo: impedir que el convertidor amplifique dinámicas que ya son complejas por naturaleza.

Todo ello debe lograrse manteniendo la capacidad de regular tensión y frecuencia. Porque, al final, la estabilidad de un sistema eléctrico no empieza cuando ocurre una perturbación. Empieza mucho antes, en la forma en que cada uno de sus equipos contribuye al equilibrio del conjunto incluso cuando, aparentemente, no está ocurriendo nada.

2. La velocidad no sirve de nada sin estabilidad

Si el comportamiento en régimen permanente define la personalidad de un convertidor Grid Forming, las perturbaciones son el momento donde se pone realmente a prueba.

La conexión de una carga importante, la apertura de una línea, una maniobra de protección o la desconexión de un generador modifican instantáneamente el estado de la red. En cuestión de milisegundos pueden aparecer cambios de tensión, variaciones en el ángulo eléctrico o desviaciones de frecuencia que todos los equipos conectados deben gestionar de forma coordinada.

Un convertidor Grid Forming no puede limitarse a soportar estos eventos. Debe contribuir activamente a estabilizar el sistema desde el mismo instante en que se producen.

Uno de los casos más exigentes son los cambios bruscos en el ángulo de fase de la red. Aunque para el usuario final pasen completamente desapercibidos, representan una perturbación muy severa para cualquier sistema de sincronización. Un convertidor preparado para operar en modo Grid Forming debe mantener el sincronismo durante estos eventos y responder mediante un intercambio de potencia que ayude a amortiguar la perturbación.

Algo similar ocurre cuando es la tensión la que cambia de forma repentina. En lugar de reaccionar únicamente desde un punto de vista de protección, el convertidor debe modificar casi instantáneamente su intercambio de potencia reactiva para colaborar en la recuperación del nivel de tensión.

La frecuencia representa otro de los grandes indicadores de la salud de un sistema eléctrico. Tradicionalmente, la inercia de los generadores síncronos amortiguaba de forma natural las variaciones de frecuencia provocadas por un desequilibrio entre generación y consumo. En un sistema dominado por convertidores, esa contribución ya no puede darse por supuesta. Por ello, los algoritmos Grid Forming incorporan mecanismos capaces de reproducir ese comportamiento de forma controlada, aportando o absorbiendo potencia para frenar la evolución de la frecuencia y proporcionar un margen de estabilidad mientras el resto del sistema recupera el equilibrio.

Lo verdaderamente interesante es que todas estas respuestas comparten una misma filosofía. El objetivo no es reaccionar con la mayor rapidez posible, sino hacerlo de una manera que resulte útil para la red. Una actuación excesivamente lenta apenas aporta soporte, pero una respuesta demasiado agresiva puede generar nuevas oscilaciones o incluso agravar la perturbación inicial.

3. Cuando el convertidor alcanza sus propios límites

Existe un momento en el que toda la sofisticación de un algoritmo de control deja de importar. Es el instante en que aparece una falta en la red y el convertidor alcanza el límite de corriente que puede soportar su hardware, es decir, su electrónica de potencia.

A partir de ese momento, ya no se trata únicamente de controlar la tensión o la frecuencia. El objetivo pasa a ser mucho más complejo: proteger el equipo sin dejar de prestar soporte al sistema eléctrico.

Puede parecer un equilibrio imposible. Por un lado, el convertidor debe limitar la corriente para evitar daños en sus semiconductores. Por otro, la red necesita precisamente que siga contribuyendo a estabilizar la tensión y facilitar la actuación de las protecciones.

Fig. 3: Cómo responde un convertidor Grid Forming ante una perturbación.

Durante muchos años, la estrategia habitual consistía en priorizar determinadas componentes de corriente frente a otras cuando aparecía una sobreintensidad. Las filosofías más recientes buscan un enfoque diferente. En lugar de decidir qué variable debe sacrificarse primero, el convertidor intenta preservar el comportamiento eléctrico que tendría si no existiera ninguna limitación, reduciendo únicamente la magnitud total de la corriente hasta un valor seguro.

La rapidez con la que se detecta una falta y se proporciona soporte también resulta determinante. En un sistema eléctrico moderno, unos pocos milisegundos pueden marcar la diferencia entre una perturbación local y un problema con consecuencias mucho más amplias. Por eso, además de protegerse a sí mismo, un convertidor Grid Forming debe ser capaz de aportar corriente de apoyo desde los primeros instantes de la perturbación, favoreciendo tanto la estabilidad de la tensión como el correcto funcionamiento de las protecciones de la red.

Todo ello cobra todavía más importancia en redes débiles, donde la potencia de cortocircuito disponible es reducida y cada convertidor tiene un peso mucho mayor en el comportamiento global del sistema. En estos escenarios, mantener el sincronismo durante una falta y recuperar rápidamente el funcionamiento normal deja de ser una prestación avanzada para convertirse en una condición imprescindible de operación.

4. Mucho más que generar energía

Existe una diferencia fundamental entre mantener estable una red que ya está funcionando y ser capaz de ponerla en marcha desde cero. Durante décadas, esta última tarea estuvo reservada a un reducido número de centrales convencionales capaces de energizar progresivamente líneas, transformadores y cargas tras un apagón generalizado.

Uno de los mayores potenciales de la tecnología Grid Forming es su capacidad para convertirse en el punto de partida de una red eléctrica. En aplicaciones donde resulta necesario, un convertidor puede establecer por sí mismo una referencia estable de tensión y frecuencia, energizar gradualmente una instalación y permitir que otros equipos se conecten de forma progresiva y segura. Esta capacidad, conocida como Black Start, adquiere un valor estratégico a medida que aumenta la penetración de recursos renovables y sistemas de almacenamiento.

La energización de transformadores, líneas o grandes cargas puede provocar corrientes transitorias muy elevadas si no se gestiona adecuadamente. Por ello, el convertidor debe ser capaz de aumentar la tensión de forma progresiva, adaptándose a las condiciones de la instalación y evitando esfuerzos innecesarios tanto para sus propios componentes como para el resto de equipos conectados.

Una vez establecida la red aparece un nuevo desafío: mantenerla operativa incluso si deja de existir una referencia externa. Es el caso de la operación en isla, donde el convertidor pasa a asumir completamente el control de la tensión y la frecuencia del sistema local. Aunque este escenario pueda parecer excepcional, resulta cada vez más relevante en microrredes, sistemas híbridos con almacenamiento o instalaciones que requieren una elevada continuidad de suministro.

Fig. 4: Operación en isla, Black Start y resincronización de un convertidor Grid-Forming.

Lograr este comportamiento exige prestar atención a un aspecto menos conocido, pero igualmente importante: las interacciones entre convertidores. Cuando varios equipos electrónicos comparten una red pueden aparecer oscilaciones o resonancias que no dependen de ninguno de ellos de forma individual, sino de la manera en que todos interactúan entre sí. Por eso, el diseño Grid Forming no sólo busca que cada convertidor sea estable por separado, sino que también lo sea cuando trabaja junto a otros equipos, incluso en redes muy débiles.

En conjunto, todas estas capacidades reflejan una realidad cada vez más evidente: los convertidores ya no son únicamente dispositivos destinados a intercambiar energía. Se están convirtiendo en elementos capaces de crear, mantener y recuperar sistemas eléctricos completos, asumiendo funciones que hasta hace pocos años sólo podían desempeñar las grandes máquinas síncronas.

5. Del laboratorio al sistema eléctrico: demostrar que todo lo anterior es cierto

Desarrollar un convertidor Grid Forming no consiste únicamente en diseñar un algoritmo capaz de responder correctamente ante cualquier situación. También implica demostrar, antes de que el equipo llegue al campo, que ese comportamiento será el esperado independientemente de la red donde vaya a conectarse.

Aquí es donde los modelos de simulación adquieren un papel protagonista.

Hoy en día, prácticamente ningún proyecto de integración de renovables, almacenamiento o electrónica de potencia se desarrolla sin un extenso trabajo previo de simulación. Antes de instalar un solo equipo, es habitual analizar cómo responderá el sistema frente a perturbaciones, estudiar su interacción con el resto de la red o verificar el cumplimiento de los códigos de conexión. La calidad de estas conclusiones depende, en gran medida, de la fidelidad con la que los modelos representan el comportamiento real del convertidor.

Sin embargo, ningún modelo es válido para responder a todas las preguntas. Algunas simulaciones se centran en fenómenos que evolucionan durante segundos o minutos y permiten estudiar la estabilidad global del sistema eléctrico. Otras necesitan capturar transitorios de apenas unos milisegundos para analizar el comportamiento del convertidor durante una falta, una maniobra o una interacción entre controles.

Tan importante como el propio modelo es la confianza que pueda depositarse en él. Un modelo útil no es el que reproduce aproximadamente el comportamiento del convertidor, sino aquel cuya relación con el equipo real está perfectamente documentada. Cada bloque funcional, cada parámetro relevante y cada estrategia de control deben mantener una correspondencia clara con la implementación que finalmente ejecutará el firmware. Esta trazabilidad permite que los resultados obtenidos durante los estudios de integración en red mantengan su validez a lo largo de toda la vida del producto, incluso cuando aparecen nuevas versiones del control o evoluciona el hardware.

Naturalmente, la simulación tampoco sustituye al ensayo experimental. Ambos forman parte del mismo proceso de validación. Los resultados obtenidos en laboratorio y en campo permiten contrastar el comportamiento previsto por los modelos, ajustar aquellos aspectos que lo requieran y aumentar progresivamente la confianza en las herramientas utilizadas para diseñar futuras generaciones de convertidores.

Fig. 5: Del modelo al equipo real.

En cierto modo, los modelos constituyen el primer entorno donde un convertidor entra en funcionamiento. Es allí donde se estudia su comportamiento en redes débiles, se analizan escenarios que serían difíciles de reproducir experimentalmente y se evalúa su interacción con otros equipos. Por eso, un modelo bien construido no es únicamente una herramienta de simulación; es una extensión del propio proceso de diseño.

Al final, desarrollar tecnología Grid Forming significa combinar física, electrónica de potencia, control y validación en un único proceso de ingeniería. Un convertidor no puede considerarse preparado para las redes del futuro únicamente porque responda correctamente en el laboratorio. Debe ser capaz de demostrar ese comportamiento con la misma solidez en los modelos utilizados por operadores de red, desarrolladores de proyectos e ingenieros de integración.

Conclusión

Durante décadas, los requisitos que debía cumplir un convertidor conectado a red estaban relativamente bien definidos: inyectar potencia de forma eficiente, cumplir los códigos de conexión a red y permanecer conectado durante determinadas perturbaciones. Hoy ese enfoque ya no es suficiente.

La creciente penetración de recursos basados en electrónica de potencia está transformando el papel de los convertidores dentro del sistema eléctrico. Ya no son únicamente equipos encargados de convertir energía, sino elementos activos de la estabilidad de la red. Deben ser capaces de establecer referencias de tensión y frecuencia, amortiguar oscilaciones, colaborar durante faltas, operar en redes débiles, coordinarse con otros convertidores e incluso participar en la restauración del sistema tras un apagón.

La buena noticia es que la electrónica de potencia ofrece herramientas para afrontar este reto. Pero esa capacidad no surge de un único algoritmo ni de una funcionalidad concreta. Es el resultado de una filosofía de diseño en la que cada decisión, desde la arquitectura de control hasta la validación de los modelos, persigue un mismo objetivo: que el convertidor sea un elemento fiable sobre el que la red pueda apoyarse.

En los próximos años seguiremos hablando de nuevas funciones, nuevos códigos de red y nuevos requisitos para la tecnología Grid Forming. Sin embargo, el verdadero reto probablemente no sea añadir más funcionalidades, sino conseguir que miles de convertidores, fabricados por distintos proveedores y conectados en redes cada vez más complejas, sean capaces de comportarse como un único sistema eléctrico. Ese será, probablemente, uno de los grandes desafíos de la ingeniería de redes en la próxima década.

Víctor Sánchez Suárez

Víctor Sánchez Suárez es ingeniero eléctrico y máster en Conversión de Energía Eléctrica y Sistemas de Potencia por la Universidad de Oviedo. Su actividad profesional está especializada en la electrónica de potencia, la integración de generación renovable y el análisis del comportamiento de convertidores conectados a red.

Su trabajo se centra en estudios de integración y cumplimiento de códigos de red, modelado y validación de convertidores y análisis de estabilidad, con especial atención al desarrollo y comportamiento de estrategias Grid Forming en sistemas eléctricos con alta penetración de electrónica de potencia.

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