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Entrevista a Julio Eisman

“Gracias a las energías renovables y a todo su entorno, se puede garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos”

Continuamos con la línea editorial 2020 sobre desafíos por el clima. En esta ocasión, tratamos un desafío económico: energía para el desarrollo, sin lastrar el avance de las economías más pobres. Para ello, hemos hablado con el ingeniero Julio Eisman, especialista en acceso a la energía eléctrica en el sector de cooperación al desarrollo.

¿Qué suele tener en común el sector energético en los países en desarrollo?

El sector energético de cada país en desarrollo tiene sus características propias en función de disponibilidad de recursos, historia, condicionantes políticos y socio económicos, etc. Pero existen algunas características relacionadas con el acceso universal a la energía que son bastante generales.

En primer lugar, es bastante frecuente que las distribuidoras públicas se encuentren en serios problemas económicos. En definitiva, los ingresos que obtienen de la venta de la energía son insuficientes para cubrir sus gastos. Esta situación las limita para extender su servicio, lo cual representaría mayores pérdidas, y las desanima para tener un enfoque de servicio al cliente. Todo ello redunda en una mala reputación del servicio de las distribuidoras. Es un círculo vicioso, que en algunos países se ha superado con reformas estructurales de calado.

En segundo lugar, se observa en muchos casos la incapacidad de los gobiernos para abordar eficientemente el problema de acceso universal. Para ello se requiere un alto consenso en el país para afrontar un esfuerzo desde diferentes ámbitos y durante un largo plazo. Y un cierto grado de liderazgo para movilizar y articular contribuciones desde diferentes ámbitos.

Y, finalmente, otro hecho que se constata es que la disponibilidad de recursos energéticos en un país no implica necesariamente un mayor acceso.

“Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos” es uno de los objetivos sostenibles de las Naciones Unidas. ¿Cómo se puede conseguir este objetivo en países tan diferentes con distintos niveles de infraestructuras, recursos y capacidad institucional?

El cumplimiento de la agenda 2030 nos afecta a todos y muy especialmente a los 193 países que refrendaron dicha agenda. Por tanto, el compromiso político existe y es real.

Imagen 1 – Objetivos de desarrollo sostenible de la ONU

Es cierto que no hay una solución universal que se pueda aplicar a todos los países para asegurar el cumplimiento del objetivo ODS 7: “Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos”. Los condicionantes de cada país obligan a buscar soluciones adaptadas. Es más, sin esa contextualización a cada entorno específico, no hay solución posible.

Pero también es cierto que existen principios, metodologías y buenas prácticas que han sido validadas por la experiencia y que son aplicables de forma global.

Uno de dichos principios es que, para poder suministrar energía de forma sostenible y asequible a las poblaciones más desfavorecidas, es necesario garantizar los subsidios que cubran la diferencia entre lo que el usuario final puede pagar sin empobrecerse más y los gastos en que incurre un proveedor eficiente del servicio eléctrico. Siempre el tema de los subsidios es polémico, especialmente cuando se refieren a apoyar a la población de menores recursos. Pero son imprescindibles si queremos “no dejar a nadie atrás”, cuando se trata de poblaciones donde se une la característica de pobreza con los altos costes del servicio como consecuencia de ser poblaciones de difícil acceso, dispersas y con carencias de otros servicios básicos. Por otro lado, hoy la mayoría de los gobiernos disponen de tecnología y de información que les permite focalizar los subsidios en la gente que realmente los necesitan.

Hay que remarcar el rol del Estado que es clave e insustituible en algunas funciones. Por ello el respaldo político a todos los niveles es un elemento básico.

Todo modelo de suministro resulta más robusto cuando hay una participación e interacción activa entre el proveedor del servicio y las comunidades usuarias.

La buena noticia es que la evolución tecnológica de los últimos años permite disponer de sistemas de electrificación aislada.

La cooperación público-privada ¿podría ayudar a alcanzar el objetivo?

El acceso universal al servicio eléctrico es un tema complejo que requiere del concurso coordinado de diferentes tipos de organizaciones: empresas, academia, administraciones públicas y usuarios. Existe una responsabilidad compartida pero diferenciada. Una clave del éxito consiste en que cada actor cumpla su papel, bajo una coordinación general del Estado.

La Administración Pública debe crear un marco político, legislativo y regulatorio que facilite el acceso universal, debe establecer una planificación integrada que considere el modo de electrificación (extensión de redes, microrredes o sistemas aislados) óptimo para satisfacer la demanda requerida en cada punto de suministro, y debe ser capaz de liderar y coordinar los esfuerzos de todos.

Las empresas privadas deben invertir e implementar modelos de suministro innovadores, ágiles y eficientes aplicando tecnología avanzada.

La academia y los centros de investigación deben desarrollar la tecnología y modelos de gestión enfocados a solventar con mínimo coste los problemas de acceso a la energía, especialmente para las comunidades menos favorecidas.

Y los usuarios del servicio, que son los mejores conocedores de su entorno y de sus necesidades, deben participar compartiendo sus necesidades, conociendo las soluciones propuestas, proponiendo soluciones alternativas e identificando los errores.

No es fácil la colaboración entre diferentes entidades, pero es la única forma de abordar problemas complejos como es el acceso universal a la energía, de una forma sostenible y asequible.

 

¿Pueden las energías renovables ayudar al crecimiento de un país?

Las energías renovables ayudan de dos formas: proveyendo al sistema eléctrico de una energía más barata y menos contaminante y posibilitando el acceso a la energía en aquellos lugares donde las redes no llegan de forma eficiente. El acceso a la energía al mejorar las condiciones de vida contribuye al crecimiento y desarrollo personal de los usuarios. Pero también, al facilitar la integración a los procesos productivos de población excluida, ayuda al crecimiento económico del país.

El desarrollo tecnológico y abaratamiento de algunas energías renovables como la solar fotovoltaica, posibilitan llegar a suministrar energía eléctrica limpia y sostenible en los lugares más recónditos y complejos del planeta. Desde las profundidades de la selva amazónica hasta la población desplazada y refugiada.

Imagen 2 – Inauguración del centro Luz en Casa en Oaxaca, Perú

La evolución de las baterías de almacenamiento de energía ha reducido su coste, su tamaño y su peso. El desarrollo de plataformas prepago (PAYG) permite un pago por servicio con desconexión automática en caso de impago. Existe una oferta de dispositivos consumidores ultra eficientes, desde los focos leds de 100 lúmenes por watio, a equipos de TV de 15” y 9 watios. El desarrollo de sistemas de gestión permite un seguimiento pormenorizado de clientes y de equipos. Todo ello ha posibilitado diseñar e implantar nuevos modelos de suministro que han resultado eficaces y eficientes para alcanzar el acceso universal.

Podemos decir que, gracias a las energías renovables y a todo su entorno, se puede garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos.

¿Cómo afecta el acceso a la electricidad al nivel de pobreza de la población?

Numerosos informes constatan la fuerte correlación entre el índice de desarrollo humano (HDI) y el consumo de energía:

Imagen 3 – Índice de Desarrollo humano y uso de energía per cápita en 2012

Cuando hablamos de pobreza hay que pensar en pobreza multidimensional, es decir, no sólo la pobreza económica sino también la provocada por las carencias de acceso a otros servicios básicos como salud, educación, agua y saneamiento, etc. Disponer de energía es necesario e imprescindible para salir de la pobreza, pero no es suficiente. Una política de lucha contra la pobreza y de desarrollo debe considerar el acceso a la electricidad, pero también acceso a otros servicios básicos.

El impacto del acceso a la energía, por sí solo, es relevante también en aspectos económicos (ODS1), de salud (ODS3), educación (ODS4), igualdad de género (ODS 5), acción por el clima (ODS13). El cumplimiento del ODS7 facilita el cumplimiento de la mayoría de los otros 16 ODS de la Agenda 2030.

Referencias

Julio Eisman

jeisman

Julio es ingeniero del ICAI y ha desarrollado su carrera profesional en el sector eléctrico. Desde 2004 trabaja en el acceso a la energía eléctrica en el sector de cooperación al desarrollo. Ha sido voluntario de Energía sin Fronteras y ha puesto en marcha y dirigido la Fundación Acciona Microenergía. Desde ambas organizaciones ha desarrollado proyectos conjuntamente con la Fundación de Ingenieros del ICAI.