Maximizando el uso de cada kWh empleado

Por Fernando Minaya

No podemos negar que nuestra forma de movernos por las ciudades ha cambiado de manera evidente. Si echamos la vista atrás, hace algunos años las opciones que se nos planteaban para movernos eran bastante pocas: transporte público y transporte privado.

La movilidad es innata al ser humano, necesitamos movernos por trabajo, por ocio y se deben dar soluciones de movilidad a las diferentes necesidades que plantea el propio ciudadano. El hecho es que el ciudadano necesita opciones para resolver su movilidad, y busca en estas opciones las 2 “e” de la movilidad: eficacia y eficiencia.

Un ciudadano necesita que su transporte para los diferentes movimientos que realiza, sea eficaz y así lo considerará si puede acceder en transporte a todos los puntos donde desea llegar en la ciudad, pero también demanda que sea lo más eficiente posible en el sentido que le lleve de la manera más rápida (puntualidad), al menor coste y con ciertos niveles de seguridad.

Analizando las necesidades que los ciudadanos están demandando en la actualidad, podemos llegar a las siguientes premisas:

  • Necesitamos de manera urgente conocer cómo, cuándo, porqué y para qué, se mueven los ciudadanos, realizando estudios a nivel macro y micro, con el fin de poder optimizar la eficiencia en los distintos modos de movilidad. Para ello se hace necesario realizar en los diferentes niveles institucionales los Planes de Movilidad y Sostenibilidad de las ciudades, incluyendo en el Plan y de forma transversal los movimientos que se realizan en las ciudades periféricas, de menor tamaño, a las grandes ciudades, analizando para ello los movimientos Origen-Destino de los ciudadanos. También deben realizarse encuestas de participación social para conocer sus necesidades.
  • Es importante atender a la demanda que se realizan desde las administraciones en relación a las restricciones de acceso al centro de las grandes ciudades, puesto que todo apunta a que el modo de movilidad que se desea implantar en ellas no pasa por dejar paso del vehículo privado por el centro de las ciudades, evitando así la entrada de multitud de vehículos particulares con 1 solo ocupante, virando hacia una movilidad sostenible compartida y en concreto con la electromovilidad.
  • El sistema de transporte público eficaz y eficiente en el que nos movemos está en algunos momentos colapsado, por falta de infraestructuras, infraestructuras obsoletas o por falta de unidades móviles entre otras causas y provoca al ciudadano frustración al observar que la otra opción al transporte privado tampoco funciona correctamente según los parámetros de necesidad del ciudadano.
  • La movilidad no debe considerarse como la dualidad planteada entre el vehículo privado y el transporte público, ya que se ha demostrado de sobra que es un sistema poco sostenible, que en muchas ocasiones no considera variables que afectan a la movilidad puesto que los Planes de Movilidad realizados no consideraban en muchas ocasiones el uso de patinetes o incluso de car-sharing o car-pooling. Por todo ello debemos considerar la movilidad como un “sistema”. El ciudadano de manera simple necesita ir de un punto A hasta un punto B, para ello utilizará todos aquellos sistemas de movilidad necesarios para conseguir realizar el trayecto de forma eficaz y eficiente cumpliendo las expectativas en el sistema de movilidad.
  • Estas unidades de movilidad que van a dar solución al ciudadano demandarán nuevas formas de energía, en una sociedad en la que los combustibles fósiles no tienen cabida y se apuesta por otras formas de energía en la que en la actualidad pasa por la energía eléctrica.

Con estas premisas podemos afirmar que:

El panorama que se presenta no es muy halagüeño puesto que en la actualidad las grandes ciudades recogen el 55% de la población mundial y esta cifra, según un informe de la ONU, va a seguir creciendo estimando que en el año 2050 aumentará un 13%. Esto nos hace pensar que el desarrollo sostenible va a depender cada vez más del control y gestión de la movilidad en el crecimiento urbano especialmente en los países menos desarrollados, lo que demandará nuevas formas de movilidad que den cobertura a estas ciudades más pequeñas que aportan vehículos a las grandes ciudades y que en muchos casos son olvidadas por los estudios de movilidad, porque en la actualidad no presentan problemas.

En un futuro próximo se nos presentan vehículos de conducción autónoma con diferentes niveles de autonomía, por lo que existe una oportunidad de poder dar demanda a estos tipos de movilidad teniendo en cuenta las premisas planteadas en este artículo. En primer lugar, los vehículos en propiedad tienden a desaparecer en pro del vehículo compartido, ya que el ciudadano mira la futura movilidad como sistema. En segundo lugar, debemos tener en cuenta que el mantenimiento de estos nuevos vehículos exigirá mayores esfuerzos económicos para asumir su coste y dotar de recursos para poder atender el mantenimiento de un vehículo que se encuentra en movimiento prácticamente las 24 horas, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los vehículos privados, los cuales se encuentran parados prácticamente el 80% del tiempo de su vida útil.

En tercer lugar, en referencia a la electromovilidad, tal y como indica la mesa redonda sobre baterías y electromovilidad en el ámbito de M2F (Move to the Future), se indica la necesidad de investigar y desarrollar nuevos materiales y sistemas de almacenamiento para la mejora de los sistemas de almacenamiento de generación eléctrica.

La movilidad eléctrica compartida supondrá una disminución del parque de automóviles de los vehículos que accedan a las grandes ciudades, lo que supone una reducción de los gases de efecto invernadero, según se desprende del estudio publicado por la Agencia Europea del Medioambiente (AEMA), que concluye que la implantación e investigación de las tecnologías alternativas juegan un papel muy importante en esta labor.

Por último, según un estudio de Deloitte, si el año próximo el parque móvil español tuviese 300.000 coches eléctricos, se conseguiría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 80% para el año 2050. Es evidente que todo apunta a que la energía que en un futuro inmediato va a adquirir relevancia es la energía eléctrica, cumpliendo así los objetivos medioambientales y de sostenibilidad. Si bien, un vehículo eléctrico movido por baterías no contamina nada cuando se encuentra en movimiento no ocurre así en su fabricación y puede considerarse una fuente contaminante, pero este impacto tiende a ser menor.  Esta tendencia se manifiesta ya que, según la legislación europea, en el año 2020 el 40% de la producción eléctrica debe proceder de fuentes renovables por lo que las emisiones que se producirán de media por cada 100 km de recorrido será de unos 3 Kg, que representa una quinta parte de las emisiones de un vehículo de gasolina en la actualidad.

Fernando Minaya

aballarinoFernando es ingeniero civil, máster en Auditorías de Seguridad Vial y Movilidad. Es experto en seguridad vial laboral, planes de movilidad, seguridad vial urbana sostenible y nuevos modos de movilidad. Es asesor de Fesvial y de la Fundación CNAE y coordinador del proyecto de conducción autónoma en Fesvial.